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lunes, 23 de enero de 2017

Reseña Nº135: El proyecto Joshua

El proyecto Joshua

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Sebastian Fitzek
Ediciones B
Colección La Trama
384 Páginas
Thriller

Maximilian Rhode tiene treinta y ocho años, vive en Berlín. Está casado con Kim Rhode, dos años mayor que él, quien es estéril de nacimiento. Al no poder tener hijos naturales han intentado adoptar sin éxito. Sin embargo, han logrado obtener la tutela de Jola María de diez años, a quien han criado desde que era una bebé. A pesar del tiempo que llevan con ella siempre existe la posibilidad de que la Oficina de Protección al Menor decida restituirla a sus padres biológicos.

La razón por la que no han podido adoptarla definitivamente es el hermano de Max; Cosmo, un pederasta que se encuentra recluido en una clínica psiquiátrica. A pesar de que los hermanos no han tenido contacto en muchos años y que de por medio solo existen algunas cartas bastante espeluznantes, comparten un pasado bastante oscuro y desolador. 

Max acostumbra a trabajar en casa, es escritor de thrillers, su primer libro fue un éxito: "El colegio del horror". Pero sus demás títulos no han tenido el mismo impacto, por lo que su situación económica no es muy alentadora. Su vida transcurre entre sus escritos y la crianza de su hija Jola, quien a pesar de su edad, demuestra una gran inteligencia. Sus principales problemas son económicos y matrimoniales.

"Pero es que vives en tu mundo, Max. No piensas, o cuando lo haces siempre es en lo próximo que quieres escribir". Pág. 38. 

Hasta que un día un extraño llamado lo pone en conocimiento de que un tal Joshua a puesto su interés en él. Joshua lo sabe todo, todo sobre él, y por lo mismo sabe que Max cometerá un delito muy grave en el futuro, aunque por ahora él lo ignora. Por lo mismo lo advierten de que no cometa ningún ilícito ya que Joshua está esperando la confirmación de su predicción. 

Max se conoce muy bien, y está seguro de que tal predicción es imposible, él jamás quebrantaría la ley, no como su hermano, por lo cual retoma su vida normalmente. Pero un día todo cambia. Recibe unas extrañas noticias de La Oficina de Protección al Menor, lo que obliga a Max a realizar un acto desesperado que trae enormes consecuencias para su familia.
En una agobiante carrera donde incluso su hermano reaparece en su vida y viejos recuerdos reprimidos del pasado regresan, deberá intentar salvar a su hija de unos extraños personajes o tal vez, incluso, de él mismo.

"Por favor, no digas nada, papá -musitó-. Por favor, no digas nada, o me matará." Pág. 91.

Fitzek estructura el libro de tal forma que utiliza los primeros capítulos para introducirnos en la vida de Max y su familia; da a conocer los personajes y el problema que deben enfrentar. Todo narrado desde una primera persona, un narrador protagonista.
Cuando aparece el primer giro importante, el que motiva a los personajes a salir de su rutina, da inicio a la segunda parte del libro, aunque gráficamente el libro no está dividido en partes, pero se aprecia un antes y un después por el cambio de estilo narrativo. Ya no se narra solamente bajo la perspectiva de Max, sino que también desde la de los otros personajes que participan en la acción. Básicamente para que el lector no se pierda lo que le sucede a cada uno mientras se encuentran separados, y se entienda cuando sus caminos se crucen. De esta forma cada capítulo equivale a la historia de uno de los personajes, pero narrada en tercera persona, salvo por los capítulos que protagoniza Max, el protagonista, que mantiene la primera persona, para poder transmitir esa desesperación tan necesaria en este tipo de libros.

Luego de la puesta en escena, es cuando inicia la verdadera acción, el thriller parece que va por buen camino. Nos presentan a una especie de antagonista intelectual, que sabe todo lo que va a suceder y se convierte en un ser inescrupuloso y perfeccionista. Mientras Max es el protagonista indefenso que se ve sometido a seguir instrucciones y a realizar actos en contra de su voluntad. Hasta ahí va todo estupendo tenemos un titiretero y a su marioneta. Pero de pronto comienzan a suceder cosas que derrumban lo que podría haber sido un emocionante thriller.

El todo poderoso antagonista de pronto comienza a cometer errores increíblemente absurdos que no encajan con su perfil inicial. Partiendo por no anticipar algunos hechos muy simples, que terminan desbaratando una parte de su plan. Luego el protagonista deja de ser manipulado y comienza a seguir su propio camino, haciendo desaparecer completamente la tensión de la narración.

Aparecen vacíos argumentales, donde personajes olvidan algunas cosas que debían saber, y actúan de tal forma solo para darle sentido a la escena, o solo por darle acción. También me encontré con cambios muy bruscos de personalidad "salidas de personaje", donde en un capítulo actúan de una forma para terminar actuando completamente diferente en capítulos posteriores. Lo peor fue encontrarme con un problema que tenía muchas soluciones, de mano de gente con muchos recursos, pero aún así optaban por la solución más intrincada, complicada y que además ponía en peligro su objetivo principal. Pasé de la tensión inicial a reírme de las cosas que pasaban en la novela.

Me encontré con mucho relleno, hubieron muchas escenas que, luego de terminar el libro, me hicieron cuestionarme su aporte al argumento. Había mucho diálogo, lo que le entrega fluidez, pero entre diálogos el protagonista reflexiona y describe su entorno de forma excesiva, apareciendo la respuesta a una pregunta casi media página después. Este relleno innecesario fue implementado con el fin de completar pequeños capítulos, ya que el libro consta de ochenta y tres de ellos. Todos cortos, pero con relleno. La ventaja de utilizar muchas divisiones es la de incorporar la mayor cantidad de saltos de capítulo posibles, ya que gracias a ellos se introducen más páginas y más espacios. Y por ende se lee más rápido, pero terminé leyendo más rápido cosas que eran redundantes.

El misterio inicial del libro se resuelve de pésima manera, de una forma muy poco creíble, pero hay un segundo enigma que se mantiene oculto.
Todo el endeble montaje de las primeras trescientas páginas está hecho para encubrir el giro final, para confundir al lector y se sorprenda. Se resuelve en las últimas ochenta páginas y es la mejor parte. En ella sí hay tensión y no hay ningún error argumental. Además se entrega un mensaje muy potente y contingente sobre los pederastas. Estos son los dos únicos puntos buenos que encontré: El mensaje final y el desenlace del segundo enigma.

No entiendo por qué insisten en incorporar tantas páginas; fácilmente el libro puede desarrollarse en doscientas o más, pero casi cuatrocientas me parece excesivo para el argumento que presenta. He leído buenas reseñas de este mismo libro y de otros del autor, y tenía ganas de leerlo, pero francamente después de esta experiencia no creo que lo vuelva a hacer. Escribir thrillers al igual que cualquier otro libro no es fácil, y requiere mucha planificación.

A pesar de todo lo que he dicho el libro se lee rápido y a mucha gente puede gustarle si no se ponen exigentes y leen de forma somera, pero a mí me quedó la sensación de que el autor deseaba introducir con mucha fuerza ciertas escenas que terminaron generando los errores que vi. El thriller que esperaba solo apareció al final.

Muchas gracias a Ediciones B Chile por el envío del ejemplar