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miércoles, 19 de julio de 2017

Reseña Nº 169: Pórtico

Pórtico: "Los anales de los Heechee" (1977)


ricardo-carrion
Frederick Pohl
Ediciones B
Nova
365 páginas
Ciencia ficción

En un futuro indeterminado, la humanidad descubre un pequeño asteroide que órbita alrededor de Mercurio. Su diámetro es apenas de diez kilómetros. Pero en su interior, se descubrieron 800 kilómetros de elaborados túneles, estos conforman la base de una antigua civilización alienígena conocida como los Heechee. No se sabe por qué estas criaturas abandonaron dicha base, pero lo hicieron hace millones de años, cuando el ser humano aún no existía. A este asteroide lo llamaron "Pórtico".

"Las cosas que primero te impresionan en pórtico es la pequeñez de los túneles, que aún parecen más pequeños de lo que son porque están bordeados de una especie de macetas con plantas; el vértigo de la escasa gravedad y el hedor. No hay manera de abarcarlo todo con una mirada; no es más que un laberinto de túneles en la roca". Págs. 45-46. 

Pero no solo encontraron túneles. Lo que maravilló a la humanidad fueron las cientos de naves que permanecían abandonadas junto con la base. Naves con una tecnología desconocida. Los intentos por comprender su funcionamiento dieron algunos resultados. Descubrieron que viajaban a distantes lugares de la galaxia, y lo hacían de forma automática y al azar. Lamentablemente no pudieron modificarlas o desarmarlas para estudiarlas, ya que cualquier pieza que se les extraía las inutilizaba. A pesar de esto, decidieron aprovechar los viajes que podían realizar, aunque no los pudieran controlar. Los viajes los podían llevar a lugares que a los Heechee les interesaba, por lo tanto, se podían encontrar rastros de su presencia. Cualquier cosa que se encontrara, cualquier objeto Heechee, ayudaba a la humanidad a conocerlos más y, mediante ello, aprender de una tecnología que podía alimentar a una tierra superpoblada.  
Para tamaña hazaña, se decidió que Pórtico tuviera un dueño: una corporación liderada por los países más influyentes de la humanidad. Así, se volvió una empresa, la cual, contrataba a prospectores: personas que debían viajar en las naves Heechee, en busca de descubrimientos. Lo que  era un oficio suicida, ya que no sabían a qué lugar los llevarían las naves, podían parar cerca de la órbita de algún planeta como en el borde de un sol, o alrededor de una estrella de neutrones. Las naves volvían automáticamente con su tripulación viva o muerta, y si los prospectores no encontraban nada, no recibían dinero, pero si hallaban algo, cualquier cosa, podían hacerse millonarios. 

"Alrededor del ochenta por ciento de los vuelos que parten de Pórtico vuelven vacíos. Un quince por ciento no vuelve. Así pues, como término medio, un hombre de cada veinte vuelve con algo que puede reportar beneficios a Pórtico y, en general, a la humanidad. Pág. 50. 

Rob Broadhead, es uno de los millones de terrícolas que viven una vida miserable y esclavista. Trabaja en las minas de alimentos de Wyoming, donde extraen pizarra para conseguir hidrocarburos que producirán levaduras para alimentar a la población. Su sueño es ser prospector, algo casi imposible, ya que el costo del pasaje a Pórtico es demasiado alto. Pero la fortuna y el amor lo alcanzan de forma inesperada. ¿Podrá convertirse en prospector? ¿Cuál será el precio que deberá pagar a cambio de obtener la riqueza soñada?

"Ellos no tenían suerte, pero lo que yo no tenía dolía mucho más; no tenía el valor de averiguar a dónde me conduciría mi suerte". Pág. 264. 

La novela está relatada en capítulos que se alternan entre el presente y pasado de Rob Broadhead. En el presente, Rob se entrevista constantemente con un psicoanalista algo especial, ya que se trata de una inteligencia artificial que encarna a Sigmund Freud. La IA Sigfrid Von Schirink, se encarga de ayudar a Rob, para que logre enfrentar y aceptar lo que tanto le atormenta. En los capítulos del pasado, Rob relata cómo pasó de ser un minero de alimentos a un prospector en Pórtico. 

El autor utiliza muy bien la alternancia entre presente y pasado. Ya que en el presente tenemos a un Rob muy angustiado por algo que desconocemos, además, eso nos plantea la idea de que aún está vivo a pesar de haber sido prospector. Entonces ¿cómo llegó a esa situación? Así, el autor logra crearnos la necesidad de escudriñar en el pasado del protagonista, nos insta a leer con avidez la historia de Rob en Pórtico. Los capítulos del pasado son extensos comparados con la brevedad de los del presente. Normalmente, cuando un autor interrumpe la historia más extensa, con un capítulo breve que cambia de tiempo, se produce un corte brusco, que distrae y molesta al lector. Pero aquí sucede todo lo contrario, cada interrupción que hace el autor con la charla entre Sigfrid y Rob, aumenta la tensión de una manera magistral. En esos diálogos tan breves que se producen entre ellos, se utiliza muy bien el subtexto para ir dejando incógnitas que atrapan al lector y lo hacen buscar respuestas a lo largo del libro. 

Lo anterior, hace muy atractiva la novela, porque no solo nos presenta los misterios e incógnitas que nos dejan los Heechee y su extraña tecnología, sino que también y, de forma mucho más profunda e intensa, la compleja personalidad humana por medio de Rob. Un hombre que debe enfrentar sus miedos más profundos para poder ser rico, que se verá sometido a situaciones tan límites que lo obligarán a plantearse dilemas existenciales.  Es una novela de ciencia ficción que hace hincapié en lo humano, con un trasfondo psicológico muy fuerte. Lo tecnológico y lo desconocido, trabajan en conjunto para exponer las sinuosidades de la naturaleza humana. 

"Me imagino que eso era amor. Pero después seguía mirándola y la imagen que mis ojos veían se transformaba y lo que veía era el equivalente femenino de mí mismo: un cobarde a quien se le ofrece la mayor oportunidad que un humano puede tener y que está demasiado asustado para aprovecharla". Pág. 136. 

El escenario que nos presenta el autor se siente muy real, porque logra extrapolar de forma muy acertada lo que sucedería en el futuro a partir de nuestro actual sistema capitalista. Se llega al extremo en que absolutamente todo es un negocio. Un descubrimiento científico, termina convirtiéndose en una empresa indolente que explota a los seres humanos más desesperados, a los que sufren, para obtener dinero a cambio de la ilusión de ayudar a la humanidad. 

"Las sociedades enfermas explotan a los aventureros como si fueran granos de uvas". Pág. 264. 

El final es muy bueno, porque tiene un cierre argumental completo. Conoceremos todos los detalles, incluso los más íntimos, de la historia de Rob. Pero, al mismo tiempo, deja la posibilidad de querer seguir indagando en los desconocidos Heechee y los avances que ha logrado Pórtico para identificarlos o encontrarlos. Es una novela grandiosa tanto en el uso preciso de los datos científicos, como en la narración. Una joya de los años setenta, de esas que todo amante de la ciencia ficción debe leer. 

Muchas gracias a Ediciones B Chile por el envío del ejemplar

Ricardo Carrión 
Administrador del blog